Perder a un compañero animal es una de las experiencias más dolorosas que podemos experimentar. Muchas veces, el entorno no entiende la magnitud de ese vínculo, y la persona que lo sufre queda en soledad, con un dolor que parece no tener salida. Lo sé porque lo viví y lo sentí en mi alma con la partida de Karmelo, mi compañero de vida, cuya ausencia me llevó a tocar fondo y a sumirme en un pozo tan profundo como oscuro. Ahí comprendí que nadie debería transitar este camino sin apoyo.
Como Acompañante en Duelo Animal (ADA), mi labor es ofrecerte un espacio seguro donde tu dolor tenga un lugar legítimo, donde puedas llorar sin sentirte juzgado y donde encuentres sostén en los momentos más difíciles. Mi propósito es tenderte una mano, escucharte sin prisas, abrazar tu proceso y acompañarte a transformar el duelo en un acto de amor hacia ti y hacia tu compañero.